domingo, 26 de febrero de 2012

LAS CONTRADICCIONES DE LA IZQUIERDA

Nunca baíamo leído una mención tan clara sobre las diferencias de la izquierda antes de ser gobernantes y la de ahora


Auge de la "cultura de gobierno"


Al principio, la izquierda llamaba "cultura de gobierno" a la experiencia forjada en el desempeño de los cargos públicos. Enarbolaban esa expresión ante compañeros de filas críticos de decisiones reñidas con la prédica tradicional de la izquierda uruguaya. Ahora, tras más de dos décadas en la comuna capitalina y adentrado su segundo mandato en el gobierno nacional, los jerarcas frentistas ya no se refugian en esa expresión sino que asumen sin complejos que su catecismo histórico estaba errado.
Para empezar, con los organismos internacionales. ¿Recuerdan aquello de "No al FMI" y "No pagar la deuda externa", dos caballitos de batalla del Frente Amplio? ¿Qué mejor testimonio del cambio que la foto de Tabaré Vázquez junto a Danilo Astori en la campaña del 2004 parados ante la puerta de un FMI que dejó de ser el ogro para ser el favorito a quien le pagamos hasta el último dólar?
Con la OEA, otrora pintada como un títere de Estados Unidos, estamos a partir piñones al punto que para cumplir con su Corte de Derechos Humanos el gobierno arrasó con la ley de Caducidad y con la voluntad popular emanada de dos plebiscitos. Plebiscitos que antes usaba el Frente Amplio para maniatar gobiernos, según confesó Mario Bergara, presidente del Banco Central; ahora no gustan y se ignoran sus pronunciamientos.
Recetas tildadas en el pasado de "neoliberales" son motivo de orgullo del equipo económico: bajar la inflación, controlar el déficit fiscal, tener las cuentas en orden, hoy se practica todo cuanto se censuraba. La asociación de capitales privados con públicos fue anatema hasta el 2005 cuando los piratas de parche y gancho pasaron a ser bienvenidos benefactores del país según los confirmaría José Mujica en el Conrad. Ni que hablar de inversores extranjeros recibidos con alfombra roja y sin los escrúpulos ecologistas que antaño hubieran llevado a rechazar con gruñidos las plantas de celulosa, la megaminería o el puente de Garzón.
Lo mismo pasa con las tercerizaciones tan polémicas antes, tan comunes hoy. O con las decenas de empresas públicas habilitadas para actuar bajo las normas del derecho privado; o con la denostada y ahora alabada reforma portuaria; o con la construcción del nuevo aeropuerto. A todo eso debió aludir Astori cuando se arrepintió públicamente de sus viejos errores, en especial de sus "posiciones contrarias al sector privado".
En seguridad pública, tierra cenagosa para el Frente Amplio, cada vez se entona menos aquella cantinela de atacar las causas sociales del delito. El "megaoperativo" es el nuevo nombre de las viejas y reprobadas razzias. Los indigentes siempre tan tolerados, hoy son expulsados de ciertas áreas de la ciudad por -¡atención!- "razones estéticas". Crecen los efectivos policiales y los instrumentos represivos, algo que la izquierda no imaginaba cuando bramaba en el llano. Todo hecho, claro está, sin reducir la criminalidad.
Aunque con los sindicatos falta mucho por hacer, la mano blanda amaga a endurecerse con un Mujica que amenaza con mellar los privilegios de la burocracia estatal. Las ocupaciones a mansalva de la era Vázquez hoy se prohíben en las oficinas públicas. Sin olvidar además aquel decreto de esencialidad para los municipales capitalinos y el insólito llamado a los militares para que salieran de sus cuarteles a limpiar las calles de Montevideo. Esa debió ser la peor pesadilla que la "cultura de gobierno" le propinó a los izquierdistas puros y duros.
En política exterior, aunque la coalición de gobierno sigue confiando en las familias ideológicas regionales con malos resultados, algunas fidelidades se destiñen. Hay menos alabanzas a la dinastía Castro y son pocos los que hoy osan elogiar a los narcoguerrilleros de las Farc o a los terroristas de la ETA como hacían antes. Eso sí, desembarcamos soldados con boina de ONU en países como Haití, algo sacrílego para los feligreses del credo sesentista que jamás soñaron que un presidente de izquierda -Tabaré Vázquez- fuera capaz de pedir la intervención estadounidense en medio de una riña con Argentina.
Hoy Mujica acepta los transgénicos en la agricultura que él vetó siendo ministro del ramo, Astori explica que la reforma de la educación de Germán Rama no era tan mala y el gobierno a coro fomenta la bancarización y festeja las cifras que prueban el auge del consumo. No cabe duda, la "cultura de gobierno" está haciendo milagros.

El País Digital

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